viernes, 13 de diciembre de 2013

Una tarde, para iniciar...

Realmente no sé cómo lo lograban, era tan refrescante hablar con ellos, podías encontrar interesante cualquier conversación, de los temas más profundos del alma o  los más simples y vanos, era fácil que te contaran la misma historia una y otra vez y aun así, también era fácil prestarles atención, quizás te contagiaba de su esencia, de esa forma tan grandiosa de ver la vida, puede que la forma más simple de explicarlo es como cuando vez una película una y otra vez, la conoces de memoria, sabes que pasara pero nunca deja de emocionarte, ellos eran así, felices de contar sus anécdotas, y yo feliz de escucharlos. Aún recuerdo bien lo descriptivo de sus historias, inclusive lo cálido y personal que se tornaban, casi podías palmar los detalles, imaginar los ambientes, y sus mismas expresiones, era un dialogo perfectamente ordenado, cada uno sabia su parte, sin embargo era completamente natural, como todo en ellos
Por aquellos días era difícil concentrarse, inclusive a menudo las cosas me parecían de poco valor, estar lejos de mi familia, en un país desconocido, una cultura tan diferente, ¿cómo podíamos los humanos ser tan distintos y tan iguales? Quizá en otro momento hubiera sido maravillosa la idea de viajar, conocer lugares y culturas, todo gracias al trabajo, pero nunca lo hubiera imaginado dejando atrás por tanto tiempo a mi familia, a mi esposa, a mis dos chicos y a una bebe en camino, ¿Qué padre haría eso? Era la pregunta que daba vueltas en mi cabeza cada mañana, cada tarde, cada cena. Si bien nunca estuve solo ni un momento de mi aventura, mi espíritu si sentía una soledad profunda, y sentir soledad en compañía es aún peor que estar solo.
Fue así como una tarde escuche aquella maravillosa historia, una historia que si bien podría ser la más mundana, sus relatores tuvieron el brillo de llenarla de esperanza, creo que aprendí muchas cosas esa tarde sencilla, o tal vez fue algún tipo de epifanía, seguramente muchas cosas fueron claras en ese momento, con el paso de los días ya no era la historia la que daba vueltas en mi cabeza, eran ahora nuevas ideas las que trataban de encontrar su espacio en mi mente, ideas frescas y positivas que habían esperado largo tiempo, ¿puedes ser reconocido como un negativo empedernido toda tu vida y un día simplemente cambiar? Mi respuesta sigue siendo no, y creo que eso no cambiara, es muy sencillo, ser negativo es un vicio, facilita las cosas, ablanda la decepción y lo amargo sin duda opaca el sabor acido de la derrota, esto por llamarlo de alguna forma. Lo que si puede pasar es que te canses de ser el mismo, y descubras un día que te encanta la idea de ver las cosas desde un ángulo distinto, de ver el lado dulce y realista de la vida, saber y tener claro que en este largo camino, algunos días ganamos, otros más perdemos y en la mayoría siempre salimos con lo justo. La vida puede ser dura de muchas formas, te podría hasta abandonar tu padre, o en algún momento te atacara el sentimiento horrible de estarlo perdiendo todo, sin embargo encontrar esperanza en medio de todo esto es y será siempre mejor que refugiarse en una visión oscura y desolada del mundo. Dejar de ver las situaciones cotidianas como desfavorables, no es tan sencillo como solo decidir ver todo color rosa, muchas veces falta un pequeño impulso, tal vez una historia, o puede que solamente decidirse, o cansarse.
Algo que me sorprendía era el parecido tan singular que tenían con los dos personajes de mi primer intento de libro, por momentos no lo podía creer, lo más sencillo hubiera sido pensar que era una casualidad o muchas, lo cierto es que ese detalle despertó mi curiosidad, después de todos estos años aún me maravillan, aun cuando hoy tenemos menos contacto les llevo en un lugar especial en mis recuerdos. Aquel singular parecido con Alejandro y Mariana me hizo pensar que tal vez no debía exprimir tanto mi pobre cerebro, que podría retomar su historia recabando información de mis amigos, después de todo, eso justamente, le daría más realismo a mis personajes, toda esta avalancha de ideas me hizo creer que si podría terminar mi libro, y bueno quien cree lleva una buena probabilidad a favor de lograr su objetivo.

Debe ser normal que algún personaje se parezca un poco a personas reales, después de todo, cualquier historia nace en la realidad, es decir, quien escribe una historia es una persona real, que está rodeada de más personas reales, que tienen diferentes grados de influencia en quien escribe la historia, entonces, una persona real toma trozos de realidad y crea algo llamado fantasía, inclusive las historias que no son fantásticas están reprocesadas y acomodadas de cierta forma y viciadas con el punto de vista del escritor, Justamente eso era lo que estaba decidido a llevar a cabo en aquel momento, tomar la realidad que estaba a mi alrededor, y que por cierto insistía en influenciarme, procesarla en mi cabeza, y dejar plasmada una historia real que nunca ocurrió, y me iba a salir tan bien que estaba seguro que me convertiría en un experto en transformar a los habitantes de mi circulo de influencia en los personajes de mis historias, no era nada nuevo.

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