Realmente no sé
cómo lo lograban, era tan refrescante hablar con ellos, podías encontrar
interesante cualquier conversación, de los temas más profundos del alma o los más simples y vanos, era fácil que te
contaran la misma historia una y otra vez y aun así, también era fácil
prestarles atención, quizás te contagiaba de su esencia, de esa forma tan
grandiosa de ver la vida, puede que la forma más simple de explicarlo es como
cuando vez una película una y otra vez, la conoces de memoria, sabes que pasara
pero nunca deja de emocionarte, ellos eran así, felices de contar sus anécdotas,
y yo feliz de escucharlos. Aún recuerdo bien lo descriptivo de sus historias,
inclusive lo cálido y personal que se tornaban, casi podías palmar los detalles,
imaginar los ambientes, y sus mismas expresiones, era un dialogo perfectamente
ordenado, cada uno sabia su parte, sin embargo era completamente natural, como
todo en ellos
Por aquellos
días era difícil concentrarse, inclusive a menudo las cosas me parecían de poco
valor, estar lejos de mi familia, en un país desconocido, una cultura tan
diferente, ¿cómo podíamos los humanos ser tan distintos y tan iguales? Quizá en
otro momento hubiera sido maravillosa la idea de viajar, conocer lugares y
culturas, todo gracias al trabajo, pero nunca lo hubiera imaginado dejando
atrás por tanto tiempo a mi familia, a mi esposa, a mis dos chicos y a una bebe
en camino, ¿Qué padre haría eso? Era la pregunta que daba vueltas en mi cabeza
cada mañana, cada tarde, cada cena. Si bien nunca estuve solo ni un momento de
mi aventura, mi espíritu si sentía una soledad profunda, y sentir soledad en
compañía es aún peor que estar solo.
Fue así como
una tarde escuche aquella maravillosa historia, una historia que si bien podría
ser la más mundana, sus relatores tuvieron el brillo de llenarla de esperanza,
creo que aprendí muchas cosas esa tarde sencilla, o tal vez fue algún tipo de
epifanía, seguramente muchas cosas fueron claras en ese momento, con el paso de
los días ya no era la historia la que daba vueltas en mi cabeza, eran ahora
nuevas ideas las que trataban de encontrar su espacio en mi mente, ideas
frescas y positivas que habían esperado largo tiempo, ¿puedes ser reconocido
como un negativo empedernido toda tu vida y un día simplemente cambiar? Mi
respuesta sigue siendo no, y creo que eso no cambiara, es muy sencillo, ser
negativo es un vicio, facilita las cosas, ablanda la decepción y lo amargo sin
duda opaca el sabor acido de la derrota, esto por llamarlo de alguna forma. Lo
que si puede pasar es que te canses de ser el mismo, y descubras un día que te
encanta la idea de ver las cosas desde un ángulo distinto, de ver el lado dulce
y realista de la vida, saber y tener claro que en este largo camino, algunos
días ganamos, otros más perdemos y en la mayoría siempre salimos con lo justo.
La vida puede ser dura de muchas formas, te podría hasta abandonar tu padre, o
en algún momento te atacara el sentimiento horrible de estarlo perdiendo todo,
sin embargo encontrar esperanza en medio de todo esto es y será siempre mejor
que refugiarse en una visión oscura y desolada del mundo. Dejar de ver las
situaciones cotidianas como desfavorables, no es tan sencillo como solo decidir
ver todo color rosa, muchas veces falta un pequeño impulso, tal vez una
historia, o puede que solamente decidirse, o cansarse.
Algo que me
sorprendía era el parecido tan singular que tenían con los dos personajes de mi
primer intento de libro, por momentos no lo podía creer, lo más sencillo
hubiera sido pensar que era una casualidad o muchas, lo cierto es que ese
detalle despertó mi curiosidad, después de todos estos años aún me maravillan,
aun cuando hoy tenemos menos contacto les llevo en un lugar especial en mis
recuerdos. Aquel singular parecido con Alejandro y Mariana me hizo pensar que
tal vez no debía exprimir tanto mi pobre cerebro, que podría retomar su historia
recabando información de mis amigos, después de todo, eso justamente, le daría más
realismo a mis personajes, toda esta avalancha de ideas me hizo creer que si podría
terminar mi libro, y bueno quien cree lleva una buena probabilidad a favor de
lograr su objetivo.
Debe ser
normal que algún personaje se parezca un poco a personas reales, después de
todo, cualquier historia nace en la realidad, es decir, quien escribe una
historia es una persona real, que está rodeada de más personas reales, que
tienen diferentes grados de influencia en quien escribe la historia, entonces,
una persona real toma trozos de realidad y crea algo llamado fantasía,
inclusive las historias que no son fantásticas están reprocesadas y acomodadas
de cierta forma y viciadas con el punto de vista del escritor, Justamente eso
era lo que estaba decidido a llevar a cabo en aquel momento, tomar la realidad
que estaba a mi alrededor, y que por cierto insistía en influenciarme, procesarla
en mi cabeza, y dejar plasmada una historia real que nunca ocurrió, y me iba a
salir tan bien que estaba seguro que me convertiría en un experto en
transformar a los habitantes de mi circulo de influencia en los personajes de
mis historias, no era nada nuevo.
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